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Pies en Tierra, se Acaba la Fiesta en El Cesar. Por: Miguel Ángel Lacouture

Desde los años 60s, y antes, era conocido por quienes tuvimos oportunidad de vivir en el área del centro del Cesar, Corredor Minero, la existencia de las inmensas reservas de carbón térmico depositadas en el subsuelo, sobre las márgenes de los ríos Maracas (Calenturitas) y Tocuy, desde la época en que Chevrón hizo estudios sobre existencia de petróleo y gas con resultados positivos de un gran manto de carbón y depósitos de gas en el profundo del subsuelo.

Treinta años cumplió de operaciones Glencore/Prodeco de explotación Minera en el Cesar, Las Minas La Jagua y Calenturitas, operación Férrea y Portuaria, generando ocupación laboral y regalías al país, en particular al Cesar que debieron ser retornadas por su clase dirigente en el bienestar de la población. De la mano con estas se generó una nueva clase socioeconómica, Los Mineros (Empleados de las empresas extractoras de Carbón), con capacidad de gasto adicional que dinamizaron, convirtieron al Cesar en un polo de desarrollo comercial, de intercambio de productos importados de otras partes de Colombia y latitudes, con ello el florecimiento de comerciantes propios y de otras regiones del país y del mundo.

Los ingresos recibidos vía regalías para el departamento y municipios no fueron enfocados, direccionados al desarrollo de la vocación natural del Cesar, Desarrollo Rural y Agropecuario, (descontando algunas obras entre ellas, CDT Ganadero, Piscícola, algunas vías secundarias y terciarias y uno que otra inversión en pequeños programas agropecuarios y ayudas a menos favorecidos); fue casi  inexistente el impulso del Eco y Agroturismo, muy poco se hizo para el potencial de la zona, otra de las mayores vocaciones del Cesar.

Hoy el departamento se ve abocado a afrontar una crisis profunda de empleo, comercial y aún alimentaria en el corredor minero, consecuentemente  sus centros urbanos con la salida del mercado de uno de los dos grandes operadores, (Glencore/Prodeco), se generarán presiones adicionales a la de por sí deprimida y dependiente economía departamental; ¿qué hacer entonces para que lo que se ve venir no sea un trauma insuperable para el departamento?

Con los recursos que están aún pendiente por llegar, es necesario centrar la inversión en el Desarrollo Rural y Agropecuario; Contamos con dos serranías, Nevada de Santa Marta y Perijá, va del sur al norte, ambas con tierras de excelente calidad, todos los pisos térmicos, brindando la oportunidad de cosechar productos agrícolas que se importan desde el centro y sur del país, hortalizas, frutales, tubérculos,  etc.; desarrollo de  ganaderías de leche  en climas  que son benévolos con  los semovientes en este menester económico, así como la creación de plantas asociativas para transformación agroindustrial de la producción agropecuario llevando a la formalización de este sector.

Hacemos parte  de las cuencas medias y bajas del Rio Magdalena, junto a valles que crean sus afluentes medianos y pequeños,  unidos a  los que desembocan en el Rio Cesar,  generan un ecosistema productivo  inigualable que ha sido francamente descuidado por la clase política del Departamento y la Nación, el Cesar es tierra de promisión y grandes oportunidades.

Contamos con el gran espejo de agua que tiene la patria, La Ciénaga de Zapatosa, allí se puede y se ha intentado con buenos resultados la piscicultura, de la mano con un incipiente ecoturismo que ofrece respiro laboral a esta abandonada y olvidada población rural.

Más de un millón de hectáreas aptas para el desarrollo agropecuario, atravesadas por sus cuatro puntos cardinales por las arterias viales más importantes del país, Ruta del Sol y Transversal de la Costa, permiten poner en puertos al exterior y mercados de consumo materias primas o productos transformados en los tiempos que la demanda requiera.

Es el momento clave de retomar el rumbo, no es con cemento como se logra el desarrollo regional, la característica básica de la construcción es la temporalidad de la ocupación laboral, no más migajas a las clases menos favorecidas en búsqueda constante del favor del voto; dediquemos los mejores y mayores esfuerzos a planear y ejecutar inversiones con las regalías por venir en el corto plazo, a desarrollar  nuestra vocación Agropecuaria, Eco y Agroturismo, que permita educar, formar, participar e insertar a la población en un todo  del desarrollo agroindustrial y comercial.

No es hora de lamentaciones de lo que se pudo hacer y no se hizo, es momento de hacer, de tomar el timonel con manos firmes para conducir  barco a puerto seguro, el Cesar tiene el potencial para ser la gran despensa agroindustrial y turística de Colombia, sus características territoriales y ubicación geográfica así lo permiten.

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