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¡Miserables! Por: Maria Fernanda Cabal

Maduro no se sacia. Así lo demostró el pasado fin de semana, cuando consumó un nuevo golpe al pueblo venezolano, sometido al abuso y la explotación y sin la posibilidad de librarse de su verdugo.

La decadencia de Venezuela es cada día más deprimente y se hace inminente una intervención. El chavismo, apegado a las líneas comunistas importadas desde Cuba, encaminó al país otrora más próspero de la región, hacia un declive que parece no tener fin.

Expertos señalan que el nivel de vida de los venezolanos ha retrocedido 80 años desde que el sucesor de Hugo Chávez tomó el poder, teniendo al 96% de la población en la pobreza. Las cifras también indican que más de 5 millones de personas han salido del territorio, escapando del régimen y buscando nuevas oportunidades.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 -Encovi- de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela superó a Haití como el país más pobre de Latinoamérica, equiparándolo con otras naciones en igual situación en el mundo como Nigeria, Congo, Zimbabue o Yemen.

La crisis, que se acentúa con el pasar de los meses sin tener una solución a la vista, es acompañada por los ataques constantes contra su propia población, sometida por una dictadura que hospeda grupos terroristas internacionales, es el centro de negocios del narcotráfico más grande de las últimas décadas y se sirve del hambre de un pueblo que ha perdido completamente su dignidad.

Por ello las elecciones fraudulentas y contrarias a derecho pretendieron un sólo fin: Acabar, de una vez por todas, con los miembros de la oposición en la Asamblea Nacional, que habían sido elegidos de forma legítima en el año 2015.

La jornada estuvo marcada por irregularidades, persecuciones, amenazas y cifras maquilladas. El Observatorio contra el Fraude, de la Asamblea Nacional, señaló que de manera histórica se registró una abstención de más del 80%.

Ya lo esperábamos. Maduro, que se sabe sin apoyo popular, viene tejiendo desde hace varios años su estrategia de poder absoluto. Así, en 2017, instaló arbitrariamente y por fuera de la ley una Asamblea Nacional Constituyente, que fue conformada únicamente por chavistas.

Ahora necesitaba que la balanza quedara completamente a su favor y la farsa de las votaciones mostró que la narcodictadura no conoce límites.

Bien lo había advertido la Asociación Mundial de Juristas -World Jurist Association-, que días antes presentó un dictamen en el que denunciaba que las elecciones parlamentarias en Venezuela carecían de las garantías necesarias contempladas en el derecho internacional, para considerarlas válidas y ajustadas al Estado de derecho.

Más de 1.000 juristas de 40 países coincidieron en que dicha jornada estaba controlada exclusivamente por el ilegítimo poder ejecutivo; en total ausencia de protección de la seguridad personal y patrimonial de otros candidatos, sin normas claras para el ejercicio del derecho de voto y ante continuas lesiones a la libertad de asociación, reunión o expresión, infringiendo los derechos humanos y el derecho al sufragio.

La denuncia pública fue el resultado de una serie de hechos constatados por el organismo internacional, que además expuso cómo el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela -controlado por Maduro desde 2016- en total violación de la propia Constitución Bolivariana, permitió al Consejo Nacional Electoral modificar arbitrariamente las leyes del proceso electoral y eliminar el voto universal, directo y secreto para la elección de los diputados representantes de los pueblos indígenas. La declaración jurídica fue presentada en el Consejo General de la Abogacía Española.

Todos éstos antecedentes y denuncias llevaron a que las recientes votaciones no fueran reconocidas por la Unión Europea, ni por la Organización de los Estados Americanos, como un proceso electoral válido. En el caso de Latinoamérica, 18 países se unieron al rechazo; de la misma forma lo hicieron Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido.

Sin embargo, el desconocimiento de los resultados no es suficiente. Se necesita mucho más que palabras para salvar a Venezuela de los miserables que secuestraron el poder para atraparla en la telaraña socialista, que la está matando lentamente.

¿Cuánto más vamos a esperar?

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