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Las locuras de la Reforma Tributaria. Por: María Patricia Ariza-Velasco

El conflicto interno que no ha cesado, generó y está generando un hueco negro, en una economía deprimida como lo es la colombiana y frente a lo cual no hubo ningún tipo de compasión por los protagonistas, de ello no cabe duda, pero, además el problema pandémico del Covid 19, también pasa y pasará su inexorable cuenta de cobro, pero el gran déficit en que se encuentran las finanzas públicas, no pueden ser atribuidas solo esas circunstancias, ni a la frondosa burocracia de la hasta hoy fallida JEP, ni las prebendas negociadas para esta jurisdicción y sus beneficiados directos, hay mucho más de vieja data, de malas costumbres que se perpetúan y se transmiten dentro de una curiosa genética de comportamientos de los dirigentes de turno, no solo a nivel central, también regional, sin importar el origen ideológico, pues también los ordenadores del gasto de centro o  izquierda radical, son prueba fehaciente de incursión y repetición de malas costumbres, traducidas en contratos innecesarios, abusivos, derrochadores, como por ejemplo de asesorías de imagen o simplemente negociaciones absurdas de adquisición de equipos viejos o automotores dejados de usar en países desarrollados.  El poder obnubila y enloquece, sin tener en cuenta el tinte político.

Hoy sacude al país, especialmente a la clase media, sin importar precisamente las simpatías de partidos, esa la aventura loca, totalmente irracional del ejecutivo nacional, al presentar una reforma tributaria con nombre eufemístico, apelando a esa solidaridad que caracteriza a los colombianos, pero que conduce al descontento generalizado, porque hoy la gente tiene la facilidad y capacidad de analizar la realidad, desde diferentes puntos de vista, gracias a toda la información que ofrecen en la web expertos. No se requiere ser economista, ni “ministro de hacienda” como irónicamente califican a quienes tienen el valor de manifestar el descontento; tampoco se precisa que, por no aplaudir tamaño desafuero, se pertenezca ineludiblemente a las toldas del nefasto personaje de las bolsas negras cargadas de dinero. Supongo, no se crea la “inhabilidad” para opinar sobre el tema, el haber apoyado al hoy presidente de la República en su campaña e incluso en el primer año del mandato al haber creído de buena fe, que debía darse el tiempo de espera, para que cumpliera sus promesas y despegara con toda la fuerza y coraje que anunciaba en su demagógica campaña proselitista. Congresistas de su partido que le acompañaron en la campaña, también manifiestan su molestia.

Haber apoyado a Duque, no significa que se aplaudan los errores, las incompetencias, las políticas erráticas, los incumplimientos, las promesas fallidas, no y es un rotundo no.  La tozudez de quienes creen que deben enterrarse con un proyecto fallido, es parte del libre desarrollo de la personalidad, se les respeta, porque les asisten derechos constitucionales, que no significa garantía de análisis objetivo y mucho menos que sean los paladines de la verdad única revelada. Que se equivocan, si, obviamente, al aplaudir lo que no es motivo de aplauso o encomio y resulta absurdo seguir buscando únicamente la justificación de los errores y desmadre en el pasado gobierno, desconociendo que el actual ha sido también despilfarrador, gastando lo que no debe gastar, aumentando el gasto público de manera irracional, con la creación por ejemplo de nuevas carteras ministeriales que nada le reportan al país trabajador y el mantenimiento de gastos suntuarios que ni siquiera en países desarrollados y ejemplo de calidad de vida hacen;  legalizar la situación de extranjeros irregulares, con lo que en términos de hacienda pública significa compartir las precariedades y aumentar las propias, inconcebible, porque tampoco lo han hecho en esa magnitud numérica en países con fortalezas económicas y de infraestructura. Arribar a la “nobleza criolla”, por la clase dirigente despierta una serie de complejos y en la corte de áulicos la acción de reflejo es evidente, al comer algún mendrugo de pan de la opulenta mesa del poder.

Toda la clase media quedaría afectada, en mayor proporción y hasta el desafuero de impuestos a los servicios públicos es inconcebible. Los más afectados, serían por supuesto los asalariados y los pensionados. Los disolutos padres de la patria, tienen el imperioso deber de volver los ojos a la historia, para que tomen nota de ella y no cometan los mismos errores que generaron revueltas y revoluciones. Basta con recordar algunos sucesos: 1.  El mexica Moctezuma II, al parecer padeciendo graves problemas mentales, atosigó  a su súbditos con impuestos exorbitantes, hecho aprovechado por Hernán Cortes y sus cuadrillas, animando revueltas para facilitar el proceso de conquista; por supuesto al asumir el control de los aztecas,  el remedio superó la enfermedad, pues las cargas impositivas fueron aumentadas por los hijos de Castilla; 2.- En la baja edad media, en diferentes sitios de Europa,  sucedieron por lo menos ocho movimientos de indignados, generados básicamente en los incrementos de gravámenes, con resultados lamentables. 3.-La revolución francesa se caldeó, alrededor de los impuestos, aun cuando no fue el único o exclusivo percutor, pero si fue un caldo de cultivo para alimentar las protestas. 4.-El descontento de las 13 colonias inglesas en América para 1766, se originó en los gravámenes asfixiantes y 5.-Acá en este país que ha pasado por varios periodos de “patria boba”, basta con recordar la revolución de los comuneros en Santander, iniciada con la ruptura de un bando que imponía más impuestos.  Los abuelos solían decir: “el palo no está para hacer cucharas”.

Los tributos han constituido la principal fuente de ingresos del Estado cualquiera sea su origen, incluso en la prehistoria hacían parte de la religión y sus creencias, lo cual permite deducir que han hecho parte de los procesos evolutivos del hombre. Se requieren si, para sostenimiento de la organización cohesionadora de la sociedad, pero el abuso, la descoordinación, el hacer vista gorda de las dinámicas sociales, en modo alguno pueden generar sensación de justicia, en cambio el descontento social abrumador crece aceleradamente, lo que finalmente facilita, al igual que aconteció con el pueblo mexica, caer en la trampa de los cantos de sirena de los embusteros y engañadores, para mayor desgracia de un país. El camino al infierno, dice el adagio popular, está empedrado de aparentes “buenas intenciones”, pero como hijos del siglo XX, cuyo último decenio fue el de “la sospecha”, ahora como sobrevivientes en desarrollo del siglo  XXI, que perfectamente puede ser llamado el de “las evidencias”, pues nada queda oculto para los cibernautas y se desentrañan las fingidas y reales verdades, resulta más fácil encontrar respuestas cuando emergen dudas, lo cual no facilita los engaños utilizados por quienes ostentan el poder político y económico. Cada cosa debe ser llamada por su nombre y los embelecos ya no surten los resultados esperados, mucho menos los eufemismos rimbombantes, como el denominar el proyecto de reforma tributaria como “Ley de Solidaridad Sostenible” y con ella pavimentar la autopista 5G para que seres totalmente indeseables arriben al poder, pareciéndonos cada vez más a Venezuela.

Son objeto de gravamen un mundo de ítems, sin misericordia con el contribuyente, especialmente focalizados en la clase media como se ha insistido. Los alimentos no se salvan y el cerebrito ideólogo de la reforma, Minhacienda Carrasquilla, no muestra reato alguno frente a tantos cuestionamientos de que ha sido objeto desde su nominación para la cartera ministerial. Pero se comprende su ignorancia de cara a la realidad del país, porque vive ajeno a esta y por ello desconoce el valor real de los productos que pueden aun consumir quienes habitan el territorio nacional, parecería que mora en el “País de las Maravillas”, encarnando a la reina roja. Mucho se ha comentado al respecto en todas las redes sociales, porque el señor aprisionado en su élite no conoce el valor real un huevo, pues además desde su olimpo no es de su interés, así entonces, quien define el gasto de los colombianos, cree que el sueldo mínimo es suficiente para darse vida de reyes y soportar el IVA descabellado. Nada se salva, ni siquiera las pensiones, en contravía no solo de la Constitución Política según el art. 48, adicionado por el Acto Legislativo 01 de 2005, además del Convenio 128 de la OIT, del cual, pese a que Colombia no lo ha ratificado, si se encuentra obligado a respetar el principio de progresividad y no regresividad al ser Estado Parte de la Convención Americana de Derechos Humanos de acuerdo a su art. 26 y el 2.1. del Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Por ello la contribución impuesta contra pensiones de cierto monto, con ocasión de la emergencia del Covid fue declarado inconstitucional por la Corte Constitucional, pero Duque y Carrasquilla eluden tal aspecto y el primero cambió el tema cuando un periodista en un canal de televisión le recordó tal antecedente, lo cual demuestra lo obcecados que son los aludidos integrantes del dúo mencionado.

Faltó que planearan la carga impositiva por el aire que respiramos, pero eso sí,  la ponen para los que dejarán de respirar en el territorio nacional, pese a que a manera de hecho notorio, se conocen las tragedias  para cumplir con la obra de misericordia de enterrar a los muertos, por los costos dinerarios tan exorbitantes que significa morir en este país de memoria olvidadiza, al punto que las noticias dan cuenta de los cuerpos personas fallecidas en estos tiempos por causa del virus pandémico, dejados en los centros hospitalarios sin reclamar, porque las familias no tienen recursos para sepultarlos. Este tema también merece ser analizado por los padres de la patria y contarle a ese ejecutivo abusador que debe orientar su actividad de recaudo en controlar la corrupción y de paso las malas prácticas de los banqueros, razón por la cual Colombia es tan deseable para sentar raíces la banca internacional.

Quienes trasegamos por la disciplina del Derecho, en gran mayoría desconocemos los intrincados caminos de la economía, pero obliga a acudir voces de conocidos expertos en la materia, autoridades realmente, que desde la academia y la práctica personal informan de las realidades que  no se perciben en su justa dimensión por quienes carecemos de esa formación profunda de las ciencias económicas. Leo las cortas notas ofrecidas en una red social por Ernesto Cuellar y Eduardo Prada Serrano, muy fáciles de comprender, es decir para “dummies” o inexpertos más no tontos. Ello me permitió reparar en que, frente a las pensiones, además de lo antes advertido, ya se pagaron los tributos en la medida que mientras se cotizan, se pagan impuestos, por lo que tampoco la doble tributación es permitida. De otro lado, advierten que la carga tributaria recaiga sobre la clase media nuevamente, empobrecerá y restará el poder adquisitivo.

Colombia ha logrado récords indeseados, como por ejemplo el primer país en el ranking de los más corruptos por todos los contratos con ocasión del Covid, por lo que no es suficiente con que la Contraloría General de la República informe la cantidad de dinero que se pierde del erario por esta causa, y por otras, ella, así como la Procuraduría, en el tema de recursos públicos urge den cuentas de resultados positivos de recuperación de tanto recurso. También ostenta un deshonroso primer lugar de los más desiguales, por tanto, el proyecto de ley, no disminuirá la brecha, la aumentará.  

Sería muy bueno, que Duque y su ministrico Carrasquilla, en la franja inútil de tiempo dedicada a hablar diariamente del virus y contarnos cuantos contagiados hay, cuantos han muerto o se han vacunado, se dieran a la aventura de ir a mercar en Paloquemado, en una tienda de esquina de barrio popular, en un supermercado de barrio de estrato medio, hicieran el ejercicio no solo en Bogotá, fueran a la ciudades capitales y adquirieran los productos básicos, después del pago de servicios, arriendos o pagos de amortización de hipotecas. Que nos cuenten que tanto alcanzo, después de lograr adquirir la bandeja pero sin huevos de $1.800.

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