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La libertad de expresión, de opinión y de prensa no se tocan, pues donde queda la réplica. Por: Carrillo Navas

La libertad de prensa, para que unos divulguen, otros informen, algunos denuncien, pero que ninguno calle. LGCN 

Espero que, por manifestar mi opinión, NO se me estigmatice, a muchos les molesta e incómoda, en especial a los políticos en general, y más en campaña política, que se les exponga más por sus errores, y menos que se les refute. Los ejemplos son claros: (i) esos de centro y extrema izquierda, que ahora resultaron populistas prometiendo lo inimaginable y lo inconcebible; (ii) se autonombran faros de la moral o mesías; (iii) que ahora se alinean con el centro político negando que son de zurda y (iv) lanzan propuestas que la verdad pueden condenar países y económicas al descalabro. Pero la libertad de expresión, opinión, pensamiento, de prensa, en general, a no pensar como ustedes Gustavo Petro y Francia Márquez. NO SE TOCA.

He sido duro con los periodistas, comunicadores sociales, más cuando le dan sentido distinto a la información o se creen dueños de la verdad, pero a pesar de ello, siempre defenderé la libertad de prensa, porque si bien no soy ni seré periodista, ellos tienen derecho o mejor todos tenemos derechos a exponer nuestro punto de vista gústenos o no, porque al final es el oyente, el televidente, el lector quien define si les cree o no, si toma una postura a favor o en contra.

En los últimos 3 meses se han intentado no una, sino dos veces con propuestas sin el mayor sustento jurídico reglamentar las redes sociales y la labor de los comunicadores sociales o en su defecto de los periodistas, y  es cierto que no nos puede gustar que ciertos medios y o periodistas que incentiven el lenguaje de la posverdad, de la confrontación, de mirar un solo lado de la moneda, de ser antigobiernistas, y guardar silencio con la impunidad de las Farc, con la muerte de dos niños en un atentado terrorista en Arborizadora Alta en Bogotá así nos dé rabia eso hace parte de la libertad de expresión y opinión de todos.

Que democracia sería si únicamente escucháramos lo que nos gusta, sin utilizar nuestro derecho replicar, confrontar y refutar con hechos y argumentos. Que democracia existiría, dejar que unos medios o periodistas, se autonombraran voceros del pueblo y no se nos permitiera evaluar, debatir y contradecir con argumentos lo que se nos dice o informa. Que Democracia tendríamos si no existieran medios de todo tipo, de las grandes cadenas, a los pequeños medios digitales agrupados o no en AIPI que mostraran otras visiones de las noticias y contenidos. Que democracia forjaríamos si las personas no pudieran opinar.

Voy a citar a una persona que no me agrada, por su sesgo y memoria selectiva, pero dijo algo de manera honesta; “el activismo político no puede ir a par con el periodismo” Catherine Juviano. Esa frase da una gran lección: 1) el periodismo no es parte del activismo político, guste a quien le guste, pues su labor tiene una transcendencia superior, la imparcialidad, la independencia y la credibilidad, no solo para informar, sino exponer los hechos tal como son; 2) la réplica de aquello que no nos gusta, de no conformamos, nuestro derecho de apartarnos de la voz oficial y 3) la responsabilidad social no solo exigible a comunicadores sociales y periodistas, sino también a las personas en redes sociales, de no parcializar, incendiar, ni replicar Fake News.

Así como ningún funcionario público, presidente o representante de la institucionalidad puede señalar que se puede o no publicar, ni menos en qué sentido u otro se puede dar la información, tampoco los movimientos políticos ni sus líderes de cualquier espectro pueden hacer esto, y menos pretender colocar a medios, periodistas contra la pared bajo la amenaza de imponer su tendencia ideológica, sencillamente porque algo no les gusto. Mucho menos estigmatizar las personas porque brindaron su opinión, su disenso. Casi como crear el delito de opinión.

Si bien es cierto, una cosa es ser periodista, otra cosa muy distinta es ser opinador político o de redes, influencer, Youtuber, o un informante, o parlante, o un paparazzi, porque hay de todo, pero igualmente todos tienen derecho, a unos los cobija la libertad de prensa de expresión y de opinión, y otros la libertad de expresión y opinión porque NO SON PERIODISTAS , NO SON PRENSA, pero todos deben brindar sus opiniones con responsabilidad social y esto incluye la veracidad de lo expresado, en el caso de la prensa la veracidad no solo de lo expresado sino también de las fuentes y su contenido, al igual que tienen derecho a la reserva de las mismas, pero en especial a mostrar las dos caras de la moneda o en lo posible indicar porque una de aristas de la información les convence más que otra.

No es la primera vez que la izquierda lanza ataques a la libertad de expresión, opinión y prensa de todos los demás, bajo el tono de la amenaza y la agresión, sin acudir a las instancias judiciales, utilizando a sus tropas digitales, o peor aún a sus grupos de carne y hueso, para poner en peligro la vida inclusive de quien muestra una información.

A muchos no les pudo gustar que se mostrará el plagio  de una tesis para obtener un título de maestría de Jennifer Arias, o los errores de la Ministra Karen Abudinen para la contratación, pero igualmente la izquierda detesta que Gustavo Bolívar se le exponga con la plata que le quedo debiendo al hijo de Bruno Díaz y otros contratistas, o la información de Piedad Córdoba y sus relaciones con Alex Saab,  pero esto no faculta a nadie para lapidar, perseguir o como dijo el senador Bolívar, perfilar a los demás porque se siente amenazado que le digan la verdad, y esto lo ha hecho más comúnmente la izquierda. ¿Qué garantías abría a las libertades? Pues la respuesta, es ninguna porque llamarían primero a la censura y luego al encarcelamiento.

Cada vez que pasa esto, los políticos llaman, dizque a reglamentar la libertad de prensa, a controlar los contenidos de redes sociales, a decir quien es o no es periodista, o con la excusa de perseguir las Fake News, a no exigir respeto sino a imponerlo al precio que sea. Sin embargo, el opinador político, el analista político que no es lo mismo, o el opinador de redes, influencer, Youtuber, o aficionado, o el informante, o parlante, o el paparazzi, debe sentirse satisfecho y orgulloso con lo que es, no pretender autonombrarse o autocalificarse periodista. Yo por ejemplo, me siento feliz, satisfecho con ser un abogado columnista de opinión.

Pero volviendo a lo anterior, son esos mismos políticos, candidatos en el proceso que evaden algo, que al exponerse a la tribuna pública, al escarnio de medios y el pueblo, que sus errores, fantasías, populismo se evidencia, y tenemos todo el derecho de contradecirlos, y si no les gusta pues no deberían participar en política, ni hacer propuestas, ni prometer lo impracticable, ni amenazar nuestras pensiones, ni acabar la industria petrolera sin sustituto inmediato, ni congelar nuestros arriendos para quebrarnos cuando impuesto y servicios suben todos los días, ni subsidiar alimentariamente una dictadura como la chavista en Venezuela, ni negarla en medios, ni proponer la fabricación de billetes de manera desmedida para llevarnos aun inflación, y menos siendo los enemigos de la reelección para unos, exigirla para ellos si los eligen.

La conclusión es diáfana, “La Libertad de expresión, de opinión en una democracia, requiere crítica constructiva, autocrítica y Réplica” LGCN

Columna dedicada a los niños asesinados por las Farc, Daniel Steven Duque, de 12 años, e Ivanna Salomé Rangel Molina de 5 años

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