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Herbin, el Caballero de la Libertad. Por: Sofía Gaviria Correa

Lo conocí en el año 2002, en Madrid, en un evento que se organizaba por las víctimas del terrorismo en el mundo.  Él estaba siendo homenajeado, como lo fue tantísimas veces en la vida, con premios, como el prestigioso Ondas, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el Premio Internacional a la Libertad de Prensa,  el Premio  o el Premio Nacional de Paz, que fueron reconocimiento internacional no solo a su labor incansable por la dignidad del ser humano, sino también a su excelencia y sus méritos como comunicador.  Nunca había visto su rostro, pero, cuando me habló, reconocí la voz de ese ser humano que, conmovido por el dolor de miles de víctimas que sufrían la atrocidad de ese crimen de lesa humanidad que es el secuestro, había construido un puente mínimo de comunicación de esas personas con sus familias, para que su suplicio atroz fuera llevable gracias a la fuerza de sus seres queridos.

Desde ese día, nos fuimos acercando en la defensa de nuestros principios, en la absoluta convicción de que no hay un valor mayor que la libertad, y nació una amistad, un acompañamiento que durará por siempre. Fui testigo no solo de la gratitud y el cariño que la gente le profesaba, sino también de su conocimiento inigualable del fenómeno del secuestro en Colombia, ese que él mismo había padecido, con toda crudeza.  Siempre que estábamos juntos en algún lugar público, se le acercaba alguna persona a abrazarlo, a agradecerle su compromiso y su generosidad y, cuando estas personas le decían su nombre, inmediatamente reconocía con detalle de qué hecho doloroso se trataba. Su memoria era tan grande como su corazón. 

Todo el que lo conoció sintió su amor, su superioridad humana, su preocupación honesta por los demás y su deseo infinito de servir. Nadie ha tenido más suerte que yo, al haber encontrado en el camino al más valeroso de los compañeros: generoso, sin protagonismos, firme, honesto, fuerte, bondadoso, certero, respetuoso, divertido, enérgico, inigualable comunicador, profundo, ético, global, con experiencia, con criterio, aventurero, intrépido, tenaz, persistente.

La Federación Colombiana de Víctimas tuvo la suerte de tenerlo como presidente. Herbin le abrió a la entidad horizontes de perspectivas diversas, que la fortalecieron y enfocaron.  Uno de estos aciertos fue la inclusión en la federación de miles de desmovilizados que, habiendo sido victimarios, también habían sido víctimas.

Cuando nos encomendaron contribuir a la renegociación del acuerdo con las Farc, tras el triunfo del No en el plebiscito, recibimos la irracionalidad y la arrogancia como respuesta frente a nuestras propuestas constructivas, aceptables y justas.  Se dio un asalto absoluto a la buena fe de quienes queríamos mejorar, un acuerdo urdido por la vanidad y no por la paz de Colombia.  No quisieron oír las peticiones legítimas de las víctimas, con ponderación y responsabilidad, que habrían conducido a un acuerdo que llevara verdaderamente a la paz. Una de las más grandes frustraciones de Herbin.

Nuestro Caballero de la Libertad, fue el más ponderado de los defensores de los derechos humanos.  La labor periodística que deja al mundo es una ventana al dolor y a la injusticia, que buscó mostrar y denunciar desde los escenarios más arriesgados, como el de los conflictos bélicos en Líbano, Angola, Sierra Leona, Ruanda, Libia, Siria, Chechenia, la ex Yugoslavia e Irak, además de su apostolado por divulgar la verdad sobre la tragedia del terrorismo en Colombia.  Estamos seguros de que su trabajo como periodista impecable y riguroso, siempre sistemático y con pruebas, seguirá permitiendo que los imperativos éticos de la humanidad recobren su valor en un mundo perdido por la imposición de la mentira, el abuso y la manipulación.

Quienes conocieron la dimensión de su trabajo pueden estar tranquilos, o temerosos, porque continuaremos su legado, sin desfallecer. Somos millones de colombianos los que hoy alzamos la voz y tenemos aterido el corazón. Su gesta quedó sembrada en nuestro espíritu y en nuestra conciencia. Fue el maestro de todos y, como buenos pupilos, continuaremos con su ejemplo. Las víctimas del terrorismo en Colombia y el mundo no han perdido a su gran libertador, porque su nombre resonará siempre con pasos de esperanza y vencedores, porque la defensa por la libertad, por la justicia, por la verdad, por la democracia será nuestro sendero para siempre y su insuperable ejemplo será nuestra acertada guía.

La única certeza que tenemos al nacer es que algún día vamos a morir. Entonces, ¿cuál es el objetivo de la vida, sino trascender positivamente? Herbin lo logró con creces y se ha vuelto inmortal porque sus hazañas y el valor y la ética con que las alcanzó son patrimonio histórico que nos acompañará siempre.

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