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Entre los odios y la polarización. Por: Ex Magistrada María Patricia Ariza-Velasco

A medida que pasan los años, en esta nuestra democracia con tantos vacíos, preguntas sin respuestas, degradación de valores, odios encarnizados, polarizaciones que dividen lamentablemente a las familias, todo esto tan negativo se refleja en las jornadas electorales, en la metafórica “fiesta de la democracia”, donde se acrecientan toda suerte de prácticas y tácticas, siendo facilitadas por las redes sociales, la prensa formal e informal, donde se mezclan verdades a medias que al final son mentiras y donde además la envidia campea haciendo uso de las calumnias, donde se erigen en jueces de la República quienes ni siquiera tienen mínimos conocimientos de Derecho y sobre todo lejanos, muy lejanos de los comportamientos éticos, logran un ambiente donde se dificulta respirar. Son contaminantes ambientales.

Extraño, muy extraño, todo el panorama anterior pues una encuesta en la que participó la Universidad Nacional en el 2019 y alguna iglesia de origen sueco, arrojó como resultado que el 57% de la muestra poblacional en diferentes departamentos y estratos socioeconómicos, se identifica como católico, repartiendo el 43% restante en otras religiones también cristianas, agnósticos y ateos. Al final, la sumatoria de creyentes cristianos supera el 80% en la población mayor de 18 años. Pero, ¿por qué extraño y traigo a colación estos detalles estadísticos? . Simple y llanamente porque los sentimientos abyectos que se han “vuelto paisaje”, ligeramente descritos anteriormente, hacen parte de la cotidianidad, se han normalizado apasionada y por tanto visceralmente, no deberían jamás ser la impronta comportamental de quienes se reputan como seguidores de las enseñanzas del maestro de Galilea, el Señor Jesucristo.

Durante meses, resulta repugnante y se siente en el ambiente, en la piel, toda esa dinámica negativa en esta nuestra sociedad enferma y en cuidados intensivos por causa de un virus más letal que el famoso y poco a poco demeritado COVID 19, el del odio, mezclado poco a poco con otros que generan una cepa nueva y de no prestar atención nos lleva al abismo como sociedad. Se producen masacres morales. Ya en otra ocasión escribí que el candidato, ese que ha elaborado una cartilla de comportamientos que imitan sus seguidores, el mismo que como solución económica plantea imprimir billetes, ese quien fue amamantado con el odio y desde siempre se ha encargado de contaminar, de degradar, de dividir, de posar de paladín, generando caos alrededor de todo lo que toca, es uno de los mayores generadores de odios.  Desde las denominadas derechas, incluso acercándose al centro, surge la resistencia directa al petrismo, pero lastimosamente asumiendo las mismas dinámicas tan criticadas de los primeros, apelando a deslegitimar desde las mentiras y calumnias que facilitan los medios, replicando también apasionadamente memes, audios, ocultando voces en el anonimato para destruir sin consideración, emulando al carroñero y gozando de los mismos ardides.” El fin justifica los medios”, dicen, pretendiendo dizque seguir a Maquiavelo, cuando realmente lo que hizo este, en su obra El Príncipe, fue describir la degradación moral de la familia dirigente en una de las ciudades-estado en la Italia de entonces.

Al emerger en medio del sinsentido caótico, perdonen la redundancia, un personaje distinto, diferente e incluso irreverente, un septuagenario que señala sin rodeos el sentir callado de muchos, el ojo del huracán se focalizó en él y su pequeña familia.  A estas alturas, quienes se encuentran leyendo estas líneas, escritas desde la tranquilidad de mi hogar, deducen que me refiero al Ingeniero Rodolfo Hernández Suárez, ese mismo que como fenómeno político, sin apelar a las maquinarias un buen día se atrevió a postularse como alcalde de Bucaramanga y fue elegido sorpresivamente y contestatariamente para quienes estaban acostumbrados a las tradiciones cacicales del esquilmar el erario público de manera impúdica. Desde entonces, se generaron resistencias, porque el ingeniero Hernández acabó con la gallina de los huevos de oro de una elite legitimada a través de los contubernios y enraizada en la administración local, entrabando procedimientos administrativos, especialmente los contractuales, a fin de facilitar el uso de coimas y porcentajes con el famoso CVY (¿cuánto voy yo?).

Rodolfo Hernández Suárez, oriundo de Piedecuesta, Santander, de tradiciones y trabajo se formó en instituciones públicas, se hizo a pulso, a través de su propia empresa de construcciones denominada Inmobiliaria HG Construcciones S.A., creada tras un breve lapso de tiempo cuando fungió como empleado público en su calidad de profesional de la Ingeniería Civil . Su coequipera, su esposa Socorro Oliveros de Hernández, también santandereana trabajadora y “frentera” como él. Ninguno de ellos heredero de fortunas o blasones artificiales, o logrado amasar su fortuna a través de medios “no santos”. Crearon empresa, la fortalecieron igual que sus construcciones, colocando ladrillo a ladrillo, o los nuevos materiales, usando cemento y estructuras en acero de buena calidad, sometidas a los controles de resistencia de materiales. No apela ni Rodolfo ni Socorro a los afeites físicos ni morales, para posar de lo que no son, como tanto colombiano del común, a diferencia de aquellos que hacen parte de la clase política dominante, incluso  de la izquierda radical de Colombia. La pareja nunca ha sido seducida por los comportamientos del arribismo. De hecho, es posible encontrarlos asando al buen estilo de Santander unos generosos trozos de carne, para atender a sus invitados. Por eso el Ingeniero, lo escuché en Medellín afirmar que, “no soy político”, soy un ingeniero que he trabajado siempre y deseo me den oportunidad de cambiar este país. Su laboratorio experimental fue Bucaramanga como lo afirmó Socorro Oliveros de Hernández, donde en la práctica se generaron los resultados positivos, materializados en el saneamiento de las arcas públicas de la ciudad, que muchos colombianos desconocen y lo que esperan trascienda al resto del país, si se les da la oportunidad. Como dicen las Escrituras Sagradas: “por sus buenas obras los conoceréis”; o el adagio popular: “hechos son amores y no buenas razones”.

El ingeniero, “el viejo”  y su esposa, matrimonio de cincuenta años, han sido empresarios y  generado empleos reales, no hipotéticos, en la empresa donde además han forjado mujeres y hombres para la  familia primeramente y después la sociedad, que han pagado impuestos rigurosamente, sin dobles contabilidades para facilitar la evasión, que han construido vivienda digna para los estratos menos afortunados y que ha ofrecido un modelo único para su adquisición, evitando que sean víctimas de las sanguijuelas bancarias, pero posibilitando la realización de un sueño de muchos, sin generar las pesadillas de los préstamos hipotecarios.  Su fortuna si se puede someter a auditoria y pueden dar fe del origen de sus propiedades a diferencia de los otros aspirantes a la primera magistratura del Estado, quienes le deben al país el relato real, verdadero del origen de sus propiedades, cuando ni siquiera han tenido una tienda de esquina en un barrio popular y sus ingresos como funcionarios públicos no dan para tanto en sus haberes personales y familiares, no son leyendas urbanas.

El haber trasegado como docente durante cincuenta años, haber sido fiscal y magistrada, me permitió por la práctica cotidiana, aprender a leer el lenguaje no verbal, el del cuerpo, las expresiones faciales y reconocer por tanto la verdad y sinceridad, sin mayores dificultades en mis estudiantes, testigos e interlocutores. Conversar con Socorro de Hernández, no solo la cónyuge del Ingeniero Hernández, la madre, el ama de casa, además la gerente de la empresa constructora y hoy gerente de la campaña presidencial, me permite identificar la transparencia y sinceridad de una mujer íntegra, con las preocupaciones propias de un ser con familia real no montada en escenarios artificiales, como tampoco los montajes horripilantes que desde tres trincheras les fabrican inescrupulosamente, para resquebrajar su moral y de sus simpatizantes no comprados, no sobornados.  Socorrito, como le dicen sus más cercanos, conoce no solo el sentir de su esposo, sus hijos y familia cercana, además de los que hacen parte de la empresa constructora. Reconoce sus debilidades, de su muy vital cónyuge, las de su familia, pero también sus fortalezas, con fe alejada de fanatismos, esa fe sincera y genuina que apunta siempre a la esperanza.

Considero importante, como seres pensantes, no dejarnos llevar por el empaque, como víctimas de una sociedad subyugada por el consumismo. Ya en muchas ocasiones ante el señalamiento de lo “grosero” que es el ingeniero, por lo cual lo declaró “inhabilitado” una comentarista de origen español, traspasando las fronteras del Derecho y de la lógica, lo cual produce hilaridad, presento como contraargumento, el imperativo de mirar el contenido del paquete. Si señores y señoras, este país ha estado en medio de gobernantes y clase política en general que lo tiene en el filo de la navaja,  que no dicen ni una grosería, muy compuestos, “muy majos” como diría Rafael Pombo, de origen de cuchara de plata y “familias de prosopopeya”, aquellos que sin ningún recato han colocado al país impunemente cerca del abismo de ensayos ideológicos que han sido un fracaso a toda vista, en todo el globo terráqueo.

Importante, cerrar estas líneas a manera de información frente a afirmaciones tales como que el candidato Rodolfo Hernández ha llegado a dividir la derecha. Hay que precisar que presentó su aspiración desde el año anterior y la fundamentó en más de dos millones de firmas de apoyo. La “derecha dormida”, se tardó en presentar la propuesta y esperaron a la consulta y se enfrascó en la imitación de los ardides de la izquierda. Por tanto, no llegó, él ya estaba. De otro lado no es cierto que no tenga programa de gobierno, porque desde el año anterior ya lo había diseñado a manera de preguntas con respuestas, el cual se publicó, con el ítem final desde su humildad frentera que, el Ingeniero reconoce que no se las sabe todas, ante las preguntas estilo de reinado de belleza que suelen formularle remedos de periodistas, concluyendo que si es elegido presidente de Colombia, se rodeará de los mejores. Definitivamente surge el fenómeno político, entre los odios y polarización y a esa fórmula hay que apostarle.

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