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El socialismo devastador de Piketty. Por: Eduardo Mackenzie

Gustavo Petro dice que encontró la varita mágica para acabar con la “desigualdad” económica en Colombia. En su cuenta twitter el candidato socialista aseguró que el célebre investigador francés Thomas Piketty asesorará su gobierno en caso de victoria electoral y que con él buscarán “la producción y la equidad” en Colombia.

Pero las ayudas de Piketty a los partidos de izquierda son flor de un día y, en todo caso, los resultados de sus prescripciones son nulos.

No es la primera vez que Petro pide la ayuda de Piketty. El autor de Le Capital au XXIe siècle  (1) acompañó un tiempo a Petro en la campaña de 2018. Piketty es conocido por su énfasis en un tema particular: el aumento de los impuestos como remedio ante “la desigualdad” económica de las sociedades. Su retórica progresista  tiene un solo eje: lograr una “globalización más equitativa” gracias al aumento drástico de los impuestos sobre todo de los mejores salarios y de los ingresos de los más ricos.

Sus ideas tienen poco éxito en el mundo real. En 2012, Piketty fue el artífice de la gran reforma fiscal que el presidente François Hollande había prometido llevar a cabo a su llegada al Elíseo y que abandonó sin pena ni gloria. En 2017, Piketty apoyó al socialista ultra minoritario Benoît Hamon y dijo compartir criterios, en esa misma época, con el progresista Emmanuel Macron que ganó la presidencia de la República. Pero después rompió con este último por no querer restaurar el impuesto a los más ricos (ISF) y limitarse a crear un impuesto sobre el patrimonio inmobiliario (IFI).

Mientras se dedicaba a redactar sus bestsellers, Piketty asesoró fugazmente a otras fuerzas políticas radicales. El 2015,  le prometió al partido extremista Podemos redactar, con un “comité internacional de expertos”, un “plan global de lucha contra la pobreza”. Su plan no disminuyó un ápice la desigualdad en España.

En realidad, como lo confesó en su libro ulterior Capital e Ideología, publicado en septiembre de 2019, su objetivo no es reducir las desigualdades sino “superar el capitalismo”.

Piketty retoma viejos esquemas leninistas y los presenta como descubrimientos: su prédica sobre el “socialismo descentralizado participativo y autogestionario”, condimentado con impuestos del 90% sobre el capital, no es otra cosa que la vieja consigna marxista de abolir la propiedad privada de los medios de producción.

Eso es lo que intenta hacer Gustavo Petro con la economía de Colombia, sin decirlo abiertamente.

El famoso “socialismo autogestionario y descentralizado” fue  aplicado por la Yugoslavia de Tito y eso nunca sacó a ese país de la miseria. Hugo Chávez y sus grotescos sabios económicos de Podemos cayeron en la misma impostura y ya conocemos el resultado: la destrucción económica de Venezuela, un rico país petrolero.

El núcleo conceptual de la ciencia de Piketty es, en realidad, un viejo postulado socialista: que el capitalismo amenaza el buen funcionamiento de la democracia y que solo el igualitarismo puede frenar ese proceso. En una entrevista con la revista Le Nouvel Observateur, sobre ese tema, un  profesor de la Sorbona y discípulo de la escuela liberal austriaca,  François Fracchini, explicó que “no es el capitalismo el que amenaza el buen funcionamiento de la democracia, sino el socialismo”. Y agregó: “De hecho, los pensadores anticapitalistas, como Karl Polanyi o los marxistas, imaginan que el capitalismo sacrificará siempre la democracia en el altar de los intereses de clase, que el régimen evolucionará forzosamente hacia el fascismo para proteger a los poderosos y que solo una buena dosis de igualitarismo ideológico puede frenar su declive”. Fracchini concluyó: “Históricamente ha ocurrido más bien lo contrario: los totalitarismos han buscado sobre todo destruir el capitalismo adoptando formas más o menos cercanas al socialismo o al corporativismo”. Y la democracia  fue siempre la primera víctima.

Un detalle que muestra la incoherencia, para no decir la ignorancia, de Gustavo Petro en materia económica es que en su encuentro con Piketty el senador planteó reducir la desigualdad en Colombia y alcanzar un crecimiento “similar al de Corea del Sur”. La prensa no dijo qué le había respondido Piketty, pero lo cierto es que la Corea del Sur nunca llegó a su nivel de industrialización y prosperidad actual acudiendo a las fórmulas de Piketty de tasas e impuestos de 90 %.

Por otra parte, el modelo de Corea del Sur es difícilmente adaptable en otras latitudes, pues su éxito, que solo es relativo (el PIB per capita es más alto en Japón, Taiwán, Hong Kong y Singapur), es el resultado de coyunturas políticas y militares particulares.

Al finalizar la guerra de Corea, la parte norte heredó las fábricas, minas e hidroeléctricas. El sur, de economía pastoril, desde 1961 y en plena guerra fría, quedó en manos de una junta militar dirigida por Park Chung Hee quien recibió de Estados Unidos una ayuda considerable: asistencia técnica y financiera, contratos, absorción de sus exportaciones, etc. La base industrial actual fue el resultado de esa evolución. Corea del Sur también se benefició mucho de su cercanía con Japón.

Hay que decir que el primer impulso económico de Corea del Sur  fue diseñar un plan de sustitución de importaciones –como el que quiere Petro-, pero esa vía fracasó. El plan nuevo fue estimular las exportaciones mediante incentivos tributarios y baja de las tasas de interés. Pero no era el Estado quien decidía qué producir y qué exportar: era la empresa privada la que decidía esas cosas. El sistema capitalista nunca fue eclipsado allí por la planeación nacional. Así lograron índices de crecimiento del 30% en algunos años.

Nada de eso tiene que ver con los esquemas socialistas de Piketty.

Hoy Corea del Sur invierte en educación y, sobre todo,  en formación profesional y se esfuerza por reducir el gasto público. Empero, hay un cuello de botella que obstaculiza el salto de ese país a un mayor crecimiento. Los conglomerados empresariales e industriales que fueron creados durante el periodo de dictadura militar –la cual terminó apenas en 1987–, mantenían bajos los salarios mediante la represión de los sindicatos y hoy frenan el auge de las empresa emergentes, de la innovación y del capital de riesgo. Y la tecnología sigue siendo la que suministra Estados Unidos, Europa y Japón.

¿Podría Colombia dotarse de una estrategia de desarrollo acertada y superar su atraso económico relativo aplicando esquemas marxistas recalentados? No lo creo. Si el “milagro coreano” puede servirnos de ejemplo, lo primero que hay que hacer es avanzar y consolidar la libertad económica, política y social, y descartar definitivamente las propuestas de planificación central de tipo comunista que, desgraciadamente, la izquierda colombiana y el progresismo,  sin excepciones,  preconizan.

(1). —Ver La leyenda Piketty, por Eduardo Mackenzie, 24 de febrero de 2015.

 

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