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El PC francés y su centenario vergonzoso. Por: JG Malliarakis L’Insolent, Paris

Nos encaminamos en los próximos días hacia una evocación ciertamente urticante del histórico Congreso del Partido Socialista de Tours de 1920. La mayoría de los delegados decidió allí, al final de cuatro días de debates, del 25 al 28 de diciembre, transformar esa organización en la Sección Francesa de la Internacional Comunista, creada en Moscú por Lenin en 1919.

El nombre de PCF, Partido Comunista Francés, que aún existe hoy, sólo reemplazó definitivamente al de SFIC (Sección Francesa de la Internacional Comunista) en 1943. No hizo eso para darse un camuflaje pseudo-patriótico, como a menudo se oye decir, sino fue la aplicación de una decisión del mismo Stalin de disolver el Komintern.

La pregunta que fue planeada al Congreso de Tours fue si se unían o no a la Tercera Internacional. El voto de los delegados resultó en 3.208 votos a favor y 1.523 en contra.

Estos últimos terminaron siendo expulsados ​​del partido, para cumplir con las 21 condiciones de la IC impuestas por la dirección de Moscú. Estas fueron recordadas brutalmente por Zinoviev, en un telegrama del 24 de diciembre, que se leerá el 28: “¡Fuera los reformistas! ¡Fuera los revisionistas que se atreven a cuestionar el catecismo marxista dogmatizado por Engels! Fuera los partidarios de la democracia y los otros cómplices de la burguesía”.

Una condición, adicional, la número 22, será impuesta un poco más tarde por Trotsky. Fue escrita en noviembre de 1922, precisamente contra el partido francés. El texto de cinco páginas concluye sin ambigüedad: “La masonería es una mala plaga en el cuerpo del comunismo francés. Hay que quemarla con un hierro candente”. Esa cirugía de un tipo especial tardará mucho en cicatrizar, primero un poco bajo el frente popular,  a favor de la resistencia y sobre todo de la deportación, después, hasta el reinado irrisorio y efímero del sepulturero Robert Hue, secretario general del PCF hasta noviembre de 2002. En todo caso, esa condición provocó la salida de gran parte de la mayoría del Congreso de Tours.

La objeción crucial fue planteada por Jean Longuet, nieto de Karl Marx y líder de la minoría: toda decisión dentro del Komintern se concentra en Moscú, el cual se atribuye el derecho a juzgar sin apelación. Otra crítica fue la de Léon Blum, la cual tiene que ver con el marxismo: el carácter dictatorial del funcionamiento interno de esa internacional.

Con motivo de este aniversario debemos esperar, dejando de lado algunos recordatorios acertados, una ola de las mentiras habituales.

La organización unitaria francesa tenía, como la mayoría de los partidos socialistas de ayer y de hoy,  varias tendencias importantes. La del no-marxista Jaurès, la del marxista Jules Guesde, etc. El Partido Socialista Francés había sido el resultado, en 1905, de los esfuerzos de unificación preparados en 1904 por el Congreso de la Segunda Internacional, reunido en Berna. Pero sus divisiones se vieron agravadas por la cuestión de la guerra europea.

Salido de la mayoría que era hostil a la guerra, el PCF a lo largo de su historia no ha perdido una sola oportunidad para sabotear la defensa nacional de Francia. Su jefe, Thorez, desertó en 1939 y huyó a la URSS. La actitud del Partido durante “la drôle de guerre” (1) reflejó la alianza entre Stalin y Hitler. Hoy se minimiza erróneamente la gestión de Tréand de pedir a las autoridades nazis de ocupación el permiso para hacer reaparecer la gaceta comunista L’Humanité en 1940. Durante las guerras en Indochina y Argelia, el PCF ayudó activamente al Vietminh y al Frente de Liberación Nacional.

Todas esas tristes hazañas han quedado prácticamente impunes. Poco a poco, del 25% de votos que recogía en la inmediata posguerra, ese partido anti-Francia cayó a menos del 2% de los votos. En la elección europea de 2019 (2), hubo una “revelación”: el comunista Ian Brossat alcanzó su punto máximo con un 3% en las encuestas, y logró el 3,2% de los votos en París donde castiga a la capital desde su cargo de primer adjunto de la iracunda alcaldesa socialista Ana Hidalgo, aunque él pesa solo un  2,5%  de los votos a nivel nacional. El pueblo se aleja del PCF (3).

La apatía interna de los comunistas persiste. Algunas buenas almas creen que es factible perder todo interés en eso.

Sin embargo, el PCF sigue siendo un componente obligado de todas las maniobras unitarias de la izquierda, y todavía sigue haciendo daño a la cabeza de la CGT, un sindicato en declive ciertamente pero que todavía es todopoderoso en los servicios públicos. Hace otro tanto en la FSU, un sindicato mayoritario de la Educación Nacional.

También ese mismo partido ejerce una dictadura increíble en materia de memoria. Los nombres de Thorez, Duclos, Frachon, Marcel Paul, Croizat, etc. siguen ensuciando los nombres de las calles y avenidas de nuestras ciudades. Mientras no los hayamos borrado de la memoria, al menos, su sombra oscurecerá el camino hacia la recuperación del país.

Traducción de Colombian News.

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