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Colombia: masivo rechazo al gobierno de Petro. Por: Eduardo Mackenzie

El éxito de las masivas protestas pacíficas en Colombia contra el gobierno de Gustavo Petro es indiscutible. Fue ese el excelente comienzo de un movimiento patriótico que será sin duda cada vez más fuerte y vasto para proteger a Colombia de la depredación socialista.

Millones de colombianos, en 35 ciudades,  marcharon en perfecta calma, sin responder a las provocaciones, bajo el grito de “¡Fuera Petro!”.  Las principales marchas ocurrieron en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Cúcuta, Pereira e Ibagué, entre otras. Hubo protestas menores anti Petro en cuatro ciudades de Estados Unidos. Colombia se pronunció así contra la racha amenazante de “reformas” que Petro está tratando de imponerle al país y que está generando pánico en la sociedad. Marta Segura, empresaria de 55 años, declaró, por ejemplo, a la agencia francesa AFP: “No podemos dejar que Colombia sea hundida”. Explicó que ella tuvo que despedir a dos de sus siete empleados a causa del aumento de impuestos que Petro trata de hacer pasar en el Congreso.

Las protestas anti-Petro abren una nueva etapa de lucha: ocurren apenas 50 días después de que el jefe extremista pusiera un pie en el Palacio de Nariño. Muestran que los colombianos, decididos a defender sus libertades y su sistema político, no cometerán el error de los venezolanos. En su lucha contra el sangriento Hugo Chávez a los hermanos venezolanos les tomó tres años antes de lanzarse a las calles para tratar de frenar la destrucción de su país que el dictador ya había comenzado. Lo hicieron mediante un paro indefinido contra las 49 leyes económicas de Chávez votadas por la falseada “asamblea nacional”. Esperaron del 2 de febrero de 1999 al 11 de abril de diciembre de 2001. Cuando entraron en acción ya era demasiado tarde. Le habían dejado mucho tiempo al mal para que hundiera sus raíces. Aunque fue derrocado por unas horas, Chávez fue reinstalado en el poder por los aparatos cubanos dentro de Venezuela.

Los colombianos conocemos esa historia y lo que ocurre desde entonces. Como lo probaron ayer, los colombianos están alertas. No dejarán que el usurpador destruya sus hogares. El mismo día de las marchas, Gustavo Petro se fue a la frontera para celebrar la reanudación de relaciones con la tiranía venezolana. Eso fue un nuevo llamado de alerta sobre lo que le podría ocurrir al país si las mayorías bajan la guardia.

En Bogotá, los manifestantes llenaron la Plaza de Bolívar, luego de recorrer el centro histórico de la capital. En Medellín, la prensa local afirmó que “más de 200.000 personas caminaron 1,7 kilómetros” para mostrar su descontento por el sartal de reformas absurdas basadas en prejuicios ideológicos. En varias ciudades la ciudadanía también repudió la corrupción y la ineptitud de los alcaldes socialistas, como Iván Ospina de Cali y Daniel Quintero, de Medellín. Colombia está en manos de Petro y de una serie de ministros fanáticos y totalmente ineptos.

Portando banderas colombianas, carteles, teléfonos y camisetas blancas, los manifestantes llenaron la Plaza de Bolívar de Bogotá, inundaron las grandes avenidas de Medellín y Cali.  Hubo hombres y mujeres de todas las edades y condiciones. Gente adulta, militares y policías jubilados, empleados, comerciantes, trabajadores de la salud y universitarios marchaban al lado de escolares y hasta de ancianos. “Me parece muy bueno que la gente empiece a pensar”, dijo Dona Regina, una jubilada del magisterio de 76 años. “Yo no estoy de acuerdo con el comunismo porque no hay como la libertad por la que tanto hemos luchado por tantos años. ¿Cuántos muertos hubo por defender la libertad para que ahora venga un guerrillero a posesionarse de todo esto?”, preguntó.

La víspera, el ministro petrista de Defensa, Iván Velásquez, quiso desanimar a la gente: advirtió que la Policía arremetería “cuándo empiecen eventualmente los brotes de violencia”. Quienes intentaron sembrar el desorden fueron los petristas: grupos de provocadores disfrazados en “gestores de paz” atacaron a algunos manifestantes pero fueron sosegados por la fuerza pública.

Gustavo Petro se mostró poco dispuesto a escuchar los reclamos del país. No pudo ocultar su disgusto por la amplitud de la movilización. Con su cinismo habitual utilizó la técnica de la inversión acusadora para negar que las protestas fueran contra él y su desgobierno: “Están en su derecho, el problema es que ellos ocasionaron el problema”, esperando volcar sobre el gobierno anterior, de Iván Duque, la causa del descontento y para indicar que no cambiará su política de saqueo socialista.

El programa de Petro para “cambiar” al país es vasto y aterrador. Algunos de los motivos de las marchas antigubernamentales fueron: aumento de impuestos, recorte de las pensiones de jubilación, desmonte del sistema privado de salud, limitación de libertades a los partidos políticos, sistema electoral electrónico, abandono del sector petróleo, gasífero y carbonífero y encarecimiento de la gasolina, desmantelamiento de las Fuerzas Militares y de Policía, tolerancia para los productores y traficantes de cocaína (1), desprotección de los ganaderos y productores agrícolas ante la violencia armada indígena decidida a apoderarse de tierras, fincas, plantaciones, hatos y lotes ajenos y hasta de los caseríos y cultivos de las comunidades afro-colombianas.

Algunos empresarios desfilaron con sus trabajadores. Fue lo que hizo el empresario William Calderón quien explicó a un diario que “en 50 días de gobierno Petro solo ha causado estragos.”

La senadora opositora María Fernanda Cabal, escribió en una red social: “¡Orgullosa de mi Cali! Luego de los estragos de la toma guerrillera financiada por el narcotráfico, que disfrazaron de ‘paro’, luego de la corrupción que es evidente, salimos a la calle por nuestros derechos”. Por su parte, Ingrid Betancourt constató: “Esto demuestra que nunca hubo una tal luna de miel con este gobierno porque antes de que se cumplan los 100 días la gente está saliendo a protestar”.

Los petristas, para denigrar la jornada, inventaron que las manifestaciones habían sido “de la derecha”. Falso. Ningún partido las convocó y hubo gente de muchas formaciones y hasta  petristas arrepentidos. Pierre Onzaga, un joven ingeniero, lanzó la propuesta y la ciudadanía la aceptó. Al final de la concentración en la Plaza de Bolívar, Onzaga dijo a la prensa: “El pueblo colombiano despertó, no es tonto y sabe que Petro quiere hacer un Estado pre dictatorial”. Un matutino, El Colombiano, citó a Juliana Cano, una de las manifestantes: “La marcha no pertenece a ningún partido ni a ninguna clase política. Es de toda la ciudadanía. Es una movilización pacífica, no como las marchas que impulsaban ellos (los afines al gobierno) y que terminaban en daños. Esta es una marcha con respeto a las instituciones”.

¿Que sigue ahora? La resistencia, la desobediencia civil, la movilización y la guerra de la información. El país debe recibir más información seria y de calidad sobre lo que está preparando el núcleo más duro del petrismo. Hay mucha opacidad sobre las actividades de ese sector y sobre el papel de fuerzas extranjeras en la financiación de ese proyecto. La libertad de prensa para ellos es un estorbo, algo que tratarán de vulnerar. Para nosotros es un tema estratégico, tanto como las evoluciones dentro del sector de la Defensa y del orden público.

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