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Debate sobre las motos. Por: Rafael Nieto Loaiza

rafael-nieto-loaiza-6Crece entre algunos un fuerte sentimiento contra las motos. Alegan motivos de seguridad. Por un lado, dicen que la mayoría de los accidentes de tráfico involucran motociclistas. Por el otro, sostienen que las motos son usadas para actividades criminales. Con base en ello, piden regulaciones mucho más duras para su uso. En esa dirección, el Alcalde de Bogotá prohibió de manera temporal los parrilleros hombres.

Sobre lo primero deben hacerse algunas precisiones. Es verdad que el número de accidentes en que se ven involucradas las motocicletas ha aumentado. Pero ese incremento se explica porque son muchísimas más las motos circulando. Si en 1998 había menos de un millón, en el 2016 eran más de 7.2 millones. Sin embargo, en ese lapso la tasa de muertos en accidentes con moto pasó de 186 a 51.5 por cada 100 mil, una disminución del 72%, y la tasa de heridos bajó de 1590 por cada cien mil motos en el 98 a 354 por cada cien mil en el 2016, una caída del 77%. Colombia tiene porcentualmente menos muertos por motocicletas que Estados Unidos, México o Brasil. Además, algunos estudios muestran que los motociclistas son responsables de menos de la tercera parte de los accidentes que los involucran.

Advierto que no estoy diciendo que no haya que hacer un mayor esfuerzo en materia de seguridad vial. Se necesita una gran campaña que enseñe a los motociclistas a no transitar por la derecha, donde los conductores de automóviles no los ven, sino por la izquierda y, como ocurre en muchos países, no ocupen los carriles de los carros sino transiten entre ellos. De paso, hay que educar a los conductores de automóviles y buses para que respeten motos y ciclistas, muchísimo más vulnerables.

El uso de motos y parrilleros para la comisión de crímenes es una realidad. Pero la culpa no es de las motos, como no lo es del sofá donde disfrutan los amantes. Prohibir el tránsito de motos o los parrilleros solo castiga a los ciudadanos de bien que usan las motocicletas para su transporte o para trabajar, que son la inmensa mayoría. La respuesta debe ser el fortalecimiento de la capacidad de respuesta de la Policía, la entrega de más motos policiales, el uso de drones y helicópteros, la integración de las cámaras de seguridad privada y de la red de vigilantes y la cooperación ciudadana con la Fuerza Pública.

La verdad es que el aumento de motos en el país es una muy buena noticia. Para empezar, porque aumenta el número de propietarios y el patrimonio de muchísimos colombianos, en especial de clase baja (el 53,8% de los usuarios son de estrato 1 y 2) y media (44,8% de estrato 3 y 4). Después, porque las motos alivian de manera sustantiva a los asalariados (el 87% gana dos salarios mínimos o menos) que se ahorran alrededor de $90.000 pesos mensuales al usarlas (el 11,5% de un salario mínimo), una enormidad. Además, porque la moto es hoy la herramienta de trabajo y a veces el único sustento de miles que se dedican a la mensajería, la repartición de correo, los domicilios, o el mototaxismo, o la usan, sobre todo en las áreas rurales, como el único modo para moverse en nuestra agreste geografía. Finalmente, porque las motos mejoran la calidad de vida de sus usuarios al ahorrarles mucho tiempo movilizándose y contaminan tres veces menos que los automóviles.

Lo curioso es que a los motociclistas se les trata con mayor dureza. En relación con su precio, pagan un registro cuatro veces superior al de los carros, y el Soat es once veces más costoso. 88 municipios, con el 59% de la población, 22 de ellos capitales departamentales, tienen distintas restricciones para el uso de las motos. Y las limitaciones van creciendo.

Las motos no solo no son un problema, como las ven muchos, sino que son una herramienta muy barata y eficiente de equidad social. Se requiere un Gobierno que las proteja y regule y no uno que diga las tonterías de este que, por vía de una burocrática e inútil Agencia Nacional de Seguridad Vial, sostuvo que hay que “desestimular el uso de este vehículo”.

Ah, y para que no haya duda, no tengo moto ni he tenido nunca. En este país tan brutal al volante, requiere de una temeridad que no poseo.

28 enero, 2018

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